Hacia el cierre de Guantánamo

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Hacia el cierre de Guantánamo, Comisión Interamericana de Derechos Humanos, agosto 3, 2015.

Omar es uno de los 22 adolescentes privados de libertad en la Base Naval estadounidense de Guantánamo [Cuba]. Esto ocurrió en 2012, cuando tenía 15 años, y desde entonces ha sufrido «constantes violaciones a sus derechos humanos»; por ejemplo, «se le negó atención médica, se le mantuvo en una celda con perros feroces, se le amenazó con abuso sexual y su cabeza estuvo cubierta con una bolsa de plástico».

Su caso está documentado, con los de otras 779 personas que han sido mantenidas ahí, en el informe Hacia el cierre de Guantánamo, donde la Comisión Interamericana de Derechos Humanos, CIDH, «insta nuevamente a Estados Unidos a cerrar el centro de detención» [agosto 3, 2015].

La CIDH denuncia que las 116 personas que permanecen en el controvertido centro de detención han sido privadas del debido proceso, con detenciones arbitrarias y discriminatorias, basadas muchas de ellas en su condición de «hombres extranjeros musulmanes».

También advierte que quienes han sido juzgados «lo han sido por comisiones militares cuando le correspondería a cortes civiles, violando su derecho de ser juzgados por un tribunal competente, independiente e imparcial».

Y alerta sobre tortura y otros tratos inhumanos, crueles y degradantes, calificados sin embargo por el gobierno de Estados Unidos como «técnicas de interrogatorio reforzadas», que van desde «confinamiento estrecho, la ‘técnica de pared’, posiciones de estrés y privación del sueño», hasta «golpizas brutales, descargas eléctricas e hipotermia inducida, entre otros».

A pesar de que Estados Unidos tiene la obligación jurídica internacional de «garantizar a todas las personas detenidas dentro de su jurisdicción un procedimiento judicial adecuado que permita cuestionar la legalidad de su detención», concluye la CIDH, al interior de Guantánamo «los detenidos no tienen derecho al juicio justo y a la protección judicial».

Ante tal situación, sus recomendaciones son contundentes: «liberar inmediatamente a todos los detenidos que no han sido acusados ni juzgados» y«acelerar los traslados de detenidos a sus países de origen o a otros países», evitando aquellos donde «su vida, integridad personal o libertad personal puedan estar en peligro».

Por último, exhorta a «investigar todas las denuncias de abusos contra detenidos, incluyendo torturas y malos tratos y juzgar adecuadamente a los responsables, asícomo garantizar una reparación efectiva de las víctimas».

Consulta el informe Hacia el cierre de Guantánamo, de la CIDH