Tras la renuncia de Pedro Pablo Kuczynski como presidente del Perú, la controvertida condena a Lula en Brasil y el agitado año electoral que vive América Latina, parece haberse diluido la polémica del indulto a Alberto Fujimori. Vale la pena por ello preguntarnos si este es sostenible bajo las obligaciones internacionales de los Estados y la doctrina de la cuestión política. Después de todo, no es insólito pensar que Estados como México, Colombia o Venezuela acudan a este tipo de figuras para dar fin a una situación de conflicto en el marco de una salida negociada.

Usualmente se piensa en el racismo como un fenómeno ajeno a la mexicanidad. El sujeto mexicano suele ser pensado y delimitado como el fruto de una mezcla armónica de razas y culturas, por lo que llega a afirmarse que la posibilidad del racismo le está vedada. El mestizaje, como se ha denominado a esta mezcla, es un constructo basado en la idea de homogeneidad racial que surgió a partir de la Colonia. Luego esta misma idea se convertiría en la piedra angular de la idea mexicana de Nación o identidad nacional, de acuerdo con Jorge Gómez Izquierdo y María Eugenia Sánchez Díaz de Rivera en La ideología mestizante, el guadalupanismo y sus repercusiones sociales (UIA Puebla, 2011).

El fin de semana vi el musical Los Miserables, basado en la novela homónima que Víctor Hugo publicó en 1862 sobre el contexto de la insurrección republicana de 1832 en Francia, y cuyos primeros capítulos retratan la criminalización de la pobreza, el fracaso del sistema de justicia e incluso la discriminación generalizada contra las mujeres.

Diseno sin titulo

Tuve la fortuna de acudir al primer Encuentro Internacional de Mujeres que Luchan convocado por las compañeras zapatistas, que se llevó a cabo del 8 al 10 de marzo. Al estar ahí tenía la seguridad de vivir un momento histórico, algo que nunca antes había ocurrido. Miles de mujeres de todos los rincones del planeta acudimos al llamado a hacer “cosas de mujeres”.