Martes, 16 Octubre 2018

Certámenes de belleza, comunidad trans y violencia machista

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¿Puede una mujer trans ser considerada en un concurso de belleza?

Parte de lo que tiene a nuestra sociedad sumida en este debate sin sentido es la idea que da origen al hecho que hoy nos hace cuestionarnos si es posible incorporar a las mujeres trans como concursantes en dichos certámenes: Me refiero a la cultura patriarcal.

Esa visión que impone una lógica binaria, un sistema sexo-genérico estrecho, que dicta estándares de conducta, formas de sentir, al igual que proyectos de vida para mujeres y hombres; el mismo pensamiento que justifica la discriminación y legitima la violencia contra aquellas personas cuyas vidas incomodan por ostentar una orientación sexual, expresión o identidad de género que difiere de la que durante muchos años se normalizó e inculcó.

Desde esta óptica se formaron no solo leyes ciegas a la diversidad e indiferentes a las especificidades y necesidades de quienes incumplen los parámetros impuestos por el discurso dominante, sino también disposiciones orientadas a sancionar los cuerpos que difieren de lo femenino y lo masculino, así como las prácticas desapegadas del comportamiento estatuido por el binarismo.

¿Mujeres siendo calificadas por su agilidad para deambular en tacones? ¿Evaluadas por la forma en la que lucen atuendos confeccionados para resaltar sus atributos como objeto de entretenimiento? ¿Imponiendo una estética corporal que lacera la estima de niñas y adolescentes que ven en ellas modelos a seguir?

La marginación legal, además de invisibilizarla, coloca a esta comunidad en una posición de vulnerabilidad, en la que es susceptible de toda clase de vejaciones, aparte de complicaciones para ejercer sus derechos en igualdad de circunstancias.

La deshumanización que produce esta exclusión favorece, a su vez, la violencia por motivos de género, orientación sexual e identidad de género, al producir «una condición necesaria para que tengan lugar la tortura y los malos tratos».[1]

Por lo anterior, más que cuestionarnos si esto debe ocurrir o no, hemos de reflexionar sobre si deben persistir dichos certámenes, considerando que su sola existencia reproduce y perpetua la ideología que la teoría de género y la perspectiva de derechos humanos han buscado derribar.

¿Mujeres siendo calificadas por su agilidad para deambular en tacones? ¿Evaluadas por la forma en la que lucen atuendos confeccionados para resaltar sus atributos como objeto de entretenimiento? ¿Buscando una valoración positiva según satisfacen parámetros hegemónicos? y peor aún, ¿imponiendo una estética corporal que lacera la estima de niñas y adolescentes que ven en ellas modelos a seguir?

En un contexto en el que el más de la mitad de la población de mujeres mayores de 15 años ha sido víctima de violencia basada en su género, con un alto índice de crímenes de odio motivados por la homofobia, lesbofobia, intersexfobia y transfobia, sugiero replantear la pregunta con la que inicia este artículo y votar en contra, sí, pero de esa clase de certámenes.


[1] Naciones Unidas, Informe del Relator Especial sobre la tortura y otros tratos o penas crueles, inhumanos o degradantes, Juan E. Méndez, 1 de febrero de 2013, párr. 79, disponible en https://bit.ly/2CkBzIj

 

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Modificado por última vez en Martes, 16 Octubre 2018 10:34
Rita Astrid Muciño Corro

Es maestra en Derechos Humanos y Democracia por la Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales, con especialidad en Derechos Humanos por la Universidad Castilla La Mancha. En 2014 fue Visitante Profesional en la Corte Interamericana de Derechos Humanos. Se ha especializado en temas de igualdad y género, y su transversalización, así como en el análisis de las obligaciones internacionales del Estado de respetar, proteger, garantizar y promover los derechos humanos.

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