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Martes, 20 Marzo 2018

El llamado de las zapatistas a las mujeres del mundo, incluidas las abogadas

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Diseno sin titulo

Tuve la fortuna de acudir al primer Encuentro Internacional de Mujeres que Luchan convocado por las compañeras zapatistas, que se llevó a cabo del 8 al 10 de marzo. Al estar ahí tenía la seguridad de vivir un momento histórico, algo que nunca antes había ocurrido. Miles de mujeres de todos los rincones del planeta acudimos al llamado a hacer “cosas de mujeres”.

Jugamos futbol, básquet y vóleibol dejando el alma en la cancha, sin importar la inclemencia del polvo y el sol. Hablamos de astronomía y estudiamos el universo. Instalamos y desinstalamos el equipo de sonido para cantar cumbias, sones, norteña y hip hop. Hicimos acrobacias y teatro, bordamos y pintamos, compartimos nuestro arte. Debatimos sobre economía y política, sobre la naturaleza y la tecnología. Hablamos de nuestros cuerpos y de las violencias que los atraviesan. Cocinamos y comimos juntas, hicimos fogatas y convivimos alrededor de ellas. Compartimos cómo nos hemos organizado en el mundo, desde el ejército de mujeres kurdas, hasta la resistencia de las mapuches. Practicamos yoga y artes marciales. Vendimos, compramos e intercambiamos los productos que elaboramos con nuestras manos. Gritamos, reímos y lloramos, deseando que el mundo fuera siempre como aquellos tres días en el Caracol Morelia.

Y hablo en plural porque estando ahí no era yo, ni las zapatistas, las chilenas o las alemanas, ni la que llegó en avión desde la ciudad o la que viajó más de 40 horas en autobús desde un pequeño pueblo al otro lado del país; éramos todas, las mujeres del mundo que luchan y resisten.

Desde el servicio público, como litigantes, docentes, investigadoras o estudiantes podemos usar el derecho como poderosa herramienta para acabar con la violencia y desigualdad que vivimos

Este encuentro fue posible gracias a la convocatoria y ejemplar organización de las compañeras zapatistas. En el conmovedor y contundente discurso de clausura hicieron un llamado a las mujeres del mundo que luchan:

«Esa pequeña luz es para ti. Llévala, hermana y compañera, cuando te sientas sola, cuando tengas miedo, cuando sientas que es muy dura la lucha, o sea la vida, préndela de nuevo en tu corazón, en tu pensamiento, en tus tripas. Y no la quedes, compañera y hermana. Llévala a las desaparecidas, llévala a las asesinadas, llévala a las presas, llévala a las violadas, llévala a las golpeadas, llévala a las acosadas, llévala a las violentadas de todas las formas, llévala a las migrantes, llévala a las explotadas, llévala a las muertas. Llévala y dile a todas y cada una de ellas que no está sola, que vas a luchar por ella, que vas a luchar por la verdad y la justicia que merece su dolor. Que vas a luchar porque el dolor que carga no se vuelva a repetir en otra mujer en cualquier mundo. Llévala y conviértela en rabia, en coraje, en decisión. Llévala y júntala con otras luces».

Si bien estas palabras no fueron dirigidas a ningún gremio en particular, me permito hacer extensiva la invitación a mis colegas abogadas, partiendo de que quienes ejercemos la abogacía tenemos una enorme responsabilidad social.

El ejercicio de nuestra profesión puede ser esa luz que llevemos a las mujeres migrantes, a las explotadas, a las privadas de libertad, a las acosadas, a las madres que buscan justicia por el asesinato o desaparición de sus hijas e hijos. Las problemáticas de violencia, discriminación e impunidad a las que nos enfrentamos a diario requieren normalmente una intervención de índole legal, por ello, desde nuestro quehacer como abogadas debemos solidarizarnos con sus causas.

Desde el servicio público, como litigantes, docentes, investigadoras o estudiantes podemos usar el derecho como poderosa herramienta para acabar con la violencia y desigualdad que vivimos: Llevando casos pro bono, ofreciendo asesorías legales, realizando investigaciones que visibilicen las problemáticas y arrojen propuestas sobre cómo enfrentarlas, acompañando a otras mujeres a denunciar y, en general, siendo empáticas desde nuestra profesión.

No es trabajo fácil, pero vale la pena usar el derecho como instrumento para enfrentar el sistema patriarcal y misógino en el que vivimos. Las mujeres necesitamos apoyarnos entre nosotras, desde nuestras trincheras, organizándonos desde abajo, como dirían las zapatistas, porque hoy más que nunca debemos seguir luchando, «debemos comenzar a construir el mundo que merecemos y necesitamos». 

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Modificado por última vez en Martes, 05 Junio 2018 11:04
Ana Laura Velázquez Moreno

Es licenciada en Derecho y especialista en derechos humanos. Se desempeña como abogada en el área de defensa de Idheas, litigio estratégico en derechos humanos. Contáctala vía @ana_velamor

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