Martes, 15 Agosto 2017

El «poder estadístico» de invisibilizar a las mujeres

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La semana pasada el Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI) publicó los resultados de la primera Encuesta Nacional de Población Privada de la Libertad (ENPOL), innovación de la Ley Nacional de Ejecución Penal con el fin de generar información sobre las características de la población penitenciaria y sus condiciones de procesamiento e internamiento. 

Si bien esta primera encuesta nos brinda información muy valiosa sobre temas como las características socioeconómicas de la población, corrupción en los sistemas de justicia penal y penitenciario, o condiciones de vulnerabilidad, sufre de una carencia mayor: La perspectiva de género.

A pesar de solo representar el 5% de la población penitenciaria, las mujeres privadas de la libertad padecen condiciones especiales de vulnerabilidad: Víctimas de violencia familiar y/o institucional, y abandono familiar. Sin embargo, la información presentada por el INEGI no está desglosada por sexo, lo que tiene por consecuencia directa el desparecerlas de la primera encuesta gubernamental sobre sus condiciones de vida en prisión.

Un ejemplo impactante es el de violencia sexual: La encuesta precisa que el 4.5% de las personas mencionan haber sufrido violencia sexual en el momento de la detención y 5% dentro del centro penitenciario. Al tiempo, una investigación de Amnistía Internacional mostró que de las 100 mujeres que entrevistó al interior de un centro federal, 72 afirmaban haber sufrido violencia sexual al momento de su detención.

Otro ejemplo. Para la Ciudad de México la encuesta resalta que el 80% de las personas privadas de libertad habían recibido visita, cuando cifras de la Subsecretaría del Sistema Penitenciario citadas por Animal Político dan un panorama totalmente diferente tratándose de las mujeres: El 70% de las privadas de libertad no reciben visitas y 20% no tienen a nadie autorizado para este fin.

La ENPOL privilegió resultados de la población varonil privada de la libertad, corriendo el riesgo de perpetuar el ciclo de violencia institucional que viven las mujeres en prisión, cuando debió visibilizarlo

Las estadísticas no son un instrumento neutro. El transversalizar la perspectiva de género en la producción estadística del INEGI, en específico sobre el sistema penitenciario, implicaba analizar el impacto diferenciado de la privación de la libertad sobre las mujeres y los hombres. En este caso el INEGI dejó que las mujeres desaparecieran entre la mayoría varonil, al no presentar la información desglosada.

Más allá de un error metodológico, es una falla grave de parte del Estado mexicano. En la duodécima Conferencia Regional sobre la Mujer de América Latina y el Caribe, México se comprometió a «fortalecer la implementación efectiva de sistemas de producción de información estadística para el diseño de las políticas para la igualdad de género, con especial atención en los medios de recolección, clasificaciones y procesamiento de datos nacionales».

Por lo demás, la Convención Belém Do Pará, así como la Ley General de Acceso de las Mujeres a una Vida Libre de Violencia, lo obligan a fortalecer la «recopilación de estadísticas y demás información pertinente sobre las causas, consecuencias y frecuencia de la violencia contra la mujer».

Tal como fue presentada, la ENPOL privilegió resultados de la población varonil privada de la libertad, corriendo el riesgo de perpetuar el ciclo de violencia institucional que viven las mujeres en prisión, cuando debió visibilizarlo.

Consulta también:

 

Modificado por última vez en Martes, 05 Septiembre 2017 10:00
Maïssa Hubert

Maïssa Hubert es coordinadora del área de Sistema Penitenciario y Reinserción Social
en Documenta, AC.

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