Martes, 01 Agosto 2017

Salud reproductiva, del estigma a la revictimización

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La salud sexual y reproductiva no es asunto solo de mujeres; atañe a todas las esferas de la sociedad, porque implica la posibilidad de vivir y reproducirnos (biológica y socialmente). Pero históricamente ha sido abordado en un contexto de desigualdad estructural: Estudios feministas han cuestionado la intervención médica en los cuerpos de las mujeres, por mostrar una relación de dominación basada en el sexo y el género.

Muestras del desarrollo de la ciencia médica que afectó directamente a las mujeres son la criminalización de los métodos anticonceptivos naturales que usaban las mujeres, definidas como brujas, en el siglo XVI y XVII,[1] el estudio de la menstruación como una patología mental y física;[2] el desarrollo de anticonceptivos que inculcó la idea, prevaleciente hasta ahora, de que la reproducción es «responsabilidad de la mujer» (son muy recientes el desarrollo y la investigación de anticonceptivos hormonales para hombres), y más recientemente, las esterilizaciones forzadas entre grupos minoritarios.[3]

En la Ciudad de México, si bien la batalla jurídica está ganada, ¿qué hay de los otros frentes sociales e institucionales, como la estigmatización y revictimización?

Desde una perspectiva biológica, la reproducción solo ocurre en el cuerpo de las mujeres, por lo cual son ellas las únicas que pueden decidir sobre sus cuerpos.[4] Sin embargo, las decisiones con respecto a la salud sexual y reproductiva están vinculadas a políticas, instituciones y actores públicos responsables de brindar servicios de salud, a las leyes que establecen los derechos fundamentales de las personas y, en general, a la influencia de la sociedad en la salud reproductiva. Esta no atañe solo a individuos, en asunto de discusión pública y ejercicio político donde se imbrican condiciones estructurales.

Concluyo, para ejemplificar, con algunas preguntas sobre el aborto, que en pleno siglo XXI y ciertos contextos sigue siendo criminalizado (a las mujeres que deciden abortar, al personal médico que lo realiza e incluso a los discursos feministas que lo ponen a discusión). En la Ciudad de México, si bien la batalla jurídica está ganada, ¿qué hay de los otros frentes sociales e institucionales, como la estigmatización y revictimización del acto o la violencia simbólica dentro de las instituciones y ejercida social y medicamente?

En tales circunstancias, ¿cómo puede lograrse que las instituciones garanticen que las decisiones sobre salud reproductiva estén libres de violencia?

 


[1] Federici, Silvia, Caliban y la bruja. Mujeres, cuerpo y acumulación originaria, Traficantes de sueños, 2010

[2] Sterling-Fausto, Anne, «Hormonal Hurricanes: Menstruation, Menopause and Female Behavior», en Myths of gender: Biological Theories About Women And Men, BasicBooks, 1992

[3] Las esterilizaciones forzadas o inducidas no siempre ocurren bajo un plan estratégico, muchas veces son prácticas médicas institucionalizadas que constituyen un habitus médico autoritario. Castro, Roberto y Joaquina Erviti, «Sociología de la práctica médica autoritaria. Violencia Obstétrica, anticoncepción inducida y derechos reproductivos», CRIM-UNAM, Cuernavaca [Morelos], 2015

[4] Con la posibilidad de que ocurra un embarazo en una corporalidad más compleja como sería en hombres transgénero.

Consulta también:

 

Modificado por última vez en Martes, 01 Agosto 2017 11:03
Carolina Bustamante

Es licenciada en Relaciones Internacionales por la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales de la UNAM. Se integró al Área de Derechos Sexuales y Reproductivos del CIDE en 2015. Ha colaborado en «Inter (sex)iones», de Animal Político.