Martes, 02 Mayo 2017

¿Seguridad para el Estado o para los ciudadanos?

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En La élite del poder Wright Mills criticaba la injerencia de la élite militar en el ámbito civil y cómo esta abdicaba de sus responsabilidades debido a sus deficiencias: «Al entrar la política en el ejército, el ejército entra en la política. El militar se ha hecho y se está haciendo político por deficiencia de los civiles …».

La vigencia de este argumento puede verificarse en México, en torno a la actual discusión sobre la iniciativa de seguridad interna que se discute en la Cámara de Diputados, la cual pretende regular la participación de las fuerzas armadas en labores de seguridad interior.

Lo que subyace a esta discusión tiene que ver con la concepción de seguridad que tenemos en México: La seguridad pública surgió como una necesidad de los gobiernos posrevolucionarios para velar por el interés del propio régimen.

Si bien la Revolución Mexicana nos heredó un sistema de transferencia del poder por medios no violentos, lo hizo a costa de un fuerte componente autoritario, lo que significa que los acuerdos no alcanzados, la disidencia y demás formas de resistencia política enfrentarían a un aparato de Estado que hacía uso de la violencia (¿legítima?) para tratar tales inconvenientes.

La historia del país da cuenta de los numerosos casos del uso político de las corporaciones de policía para dirimir conflictos que corresponden más bien al ámbito de la gobernabilidad. Y, por otra parte, destaca la influencia militar en la concepción de seguridad pública. El declive de la doctrina de seguridad nacional impuesta por Estados Unidos reconfiguró el espectro de las amenazas al término de la Guerra Fría, al identificar nuevos riesgos que operaban al interior de las democracias y fueron identificados con fenómenos como el narcotráfico y la corrupción.

Las reformas policiales llevan más de 20 años sin que hasta ahora se haya reorientado el modelo de seguridad hacia la seguridad de los ciudadanos, en la prevención más que en la reacción. Mientras el modelo de seguridad pública siga vigente, los ciudadanos no verán resultados y sí más injerencia militar

En el nuevo escenario las tareas antes concentradas por las fuerzas armadas pasaron a manos de las corporaciones policiales. En México y América Latina, el comunismo y los movimientos sociales de izquierda fueron blanco de la persecución de las fuerzas armadas y los aparatos policiales ante la amenaza que suponían para la seguridad interior. Hoy el crimen organizado y el narcotráfico se han convertido en los principales retos que enfrenta la seguridad interna del país.

Sin embargo, lejos de lograr avances con la incursión de las fuerzas armadas en el combate a estos flagelos, las propias instituciones castrenses se han visto cuestionadas y afectadas por hacer lo que saben hacer: Proteger al Estado, no a los ciudadanos. Por su parte, las corporaciones de policía se encuentran en medio de un proceso de mejora que no acaba ni logra ofrecer resultados contundentes. ¿Por qué? Porque se apegan al esquema de seguridad pública, enfocado también en la seguridad del Estado.

Las reformas policiales en México llevan más de 20 años (desde la creación del Consejo Nacional de Seguridad Pública) sin que hasta ahora se haya reorientado el modelo de seguridad hacia la seguridad de los ciudadanos, en la prevención más que en la reacción. Mientras el modelo de seguridad pública siga vigente, los ciudadanos no verán resultados y sí más injerencia militar.

Mills no se equivocaba al decir que «Tratar esas decisiones políticas como ‘necesidades militares’ es, naturalmente, entregar la responsabilidad civil, si no la facultad de decidir, a la élite militar».

Consulta también: 

Modificado por última vez en Lunes, 15 Mayo 2017 10:12
Eduardo Arriaga

Es licenciado en Ciencias Políticas y Administración Pública y maestro en Estudios Políticos y Sociales por la UNAM. Ha sido profesor de asignatura en la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales de la propia casa de estudios, donde impartió los cursos de Prospectiva Política y Construcción de Escenarios. Desde 2014 se integró como profesor de asignatura a la Universidad Iberoamericana, donde ha impartido las materias Manejo de crisis y toma de decisiones políticas, y Partidos políticos y sistemas electorales.  Actualmente cursa estudios de doctorado en la misma universidad.