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Lunes, 25 Abril 2016

El GIEI y el sistema acusatorio

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Ayer el GIEI presentó su segundo y último informe sobre la investigación, búsqueda y atención a las víctimas del caso Ayotzinapa. En más de 600 páginas presenta evidencia desastrosa y sobre todo preocupante acerca de la investigación realizada por la Procuraduría General de la República (PGR) desde que se hizo cargo: acciones y omisiones que reflejan una incapacidad inaceptable para descubrir «la verdad» o, en el peor de los casos, levantan sospechas sobre el manejo y las manos que impiden que esta se lleve a cabo de manera objetiva e independiente.

Sería imposible en este espacio resumir adecuadamente todas sus conclusiones, pero, desde mi punto de vista, hay algunos puntos que por lo pronto deberían llamar nuestra atención ―sobre todo en la antesala de la celebración por la implementación del nuevo sistema acusatorio en todo el país:

1. Las autoridades que investigan siguen dando preponderancia a las confesiones y testimoniales respecto de la evidencia científica.

2. Del análisis de informes médicos de algunas de las personas acusadas existen indicios de que fueron víctimas de tortura y malos tratos bajo custodia de las autoridades de investigación.

3. Dentro de la investigación no existe un análisis contextual del caso; es decir, del modus operandi y las estructuras relacionadas con delincuencia organizada alrededor de las desapariciones.

4. Como suele ocurrir en México, las investigaciones parecen dirigirse hacia los autores materiales y nunca hacia los servidores públicos que podrían estar involucrados debido a la cadena de mando a la que pertenecen. Queda pendiente deslindar las responsabilidades de todas las fuerzas federales que estuvieron al tanto de los hechos mientras ocurrían.

5. Las víctimas han sufrido la revictimización y criminalización por parte de las autoridades. La narrativa oficial sobre el caso es estigmatizante.

No nos queda más que leer los informes del GIEI si queremos contribuir a mejorar la investigación en México. Muchas son las lecciones que nos dejan, pero más las que dejaremos de aprender ahora que se van

Nada nuevo, ciertamente. Quienes nos hemos enfrentado al sistema de justicia penal como víctimas sabemos que la primera instancia a la que nos acercamos para hacer la denuncia hace todo lo posible para que eso no suceda. Pero si logramos saltar ese obstáculo, las humillaciones y revictimización persisten. Y para encontrar a la persona culpable la tortura y los malos tratos son una «técnica» de investigación institucionalizada. ¿Cómo confiar entonces en «la verdad histórica»? El gran mito de la tortura es que produce verdad.

Lo novedoso de este caso es que los y las expertas (por que sí, lo son, a pesar de las campañas de desprestigio) se tomaron todo este tiempo para analizar la información producida por la PGR y reordenarla. A pesar del formalismo y la burocracia que enfrentaron, pudieron llegar a las tristes y preocupantes conclusiones que ahora conocemos.

Aunque el caso Ayotzinapa está siendo investigado bajo el sistema penal mixto, ¿pueden la PGR y, para todos los efectos, las procuradurías estatales, demostrarnos que están haciendo las cosas diferentes en el ya vigente sistema acusatorio?

Mientras despejamos esta duda y nos demuestran que las investigaciones son profesionales, objetivas e independientes, no nos queda más que leer los informes del GIEI si queremos contribuir a mejorar la investigación en México. Muchas son las lecciones que nos dejan, pero más las que dejaremos de aprender ahora que se van.

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Modificado por última vez en Lunes, 01 Agosto 2016 09:21

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