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Martes, 16 Febrero 2016

Topo Chico, la crisis y los discursos

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El viernes pasado nos despertamos con la noticia del enfrentamiento en el centro penitenciario Topo Chico, en Monterrey [Nuevo León]. Conforme avanzó el día nos informaron que 49 personas habían muerto y otras muchas estaban heridas. No hay precedente de un hecho de esta magnitud, a pesar de incidentes graves en otras prisiones.

Existen estudios de investigación que desde hace más de una década plantean la crisis penitenciaria en México. Sin embargo, escucho los noticiarios y a los comunicadores hablando del problema de la «prisión preventiva» como si fuera algo nuevo, y de cómo el sistema de justicia penal acusatorio lo «resolverá» (así, en futuro). Diez años después sabemos también que la reforma al sistema de justicia penal no necesariamente ha sido la respuesta para el cambio.

Desde hace mucho conocíamos lo que pasaba en Topo Chico. Sabíamos del autogobierno, la corrupción, la sobrepoblación y de cómo los defensores difícilmente podían visitar a las personas que asistían, por las difíciles condiciones al interior y el riesgo para su seguridad. Pero el gobierno de Nuevo León se dice sorprendido por los “lujos” encontrados.

Esta crisis no debe tomarnos por sorpresa. La corrupción es generalizada en el sistema penitenciario nacional y aunque lo conforman funcionarios muy profesionales, otros rotan de un cargo a otro con credenciales cuestionables para hacerlo. Un ejemplo, Celina Oceguera, ex coordinadora nacional de Centros Federales de Reinserción Social  —ahora enfrenta un proceso penal por la fuga de Joaquín Guzmán Loera—, quien antes fue subsecretaria del sistema penitenciario de la Ciudad de México. Las condiciones deleznables y la sobrepoblación de los reclusorios de esta ciudad fueron sus cartas de presentación para finalmente obtener aquella posición en el gobierno federal.

Desde hace mucho conocíamos lo que pasaba en Topo Chico. Sabíamos del autogobierno, la corrupción, la sobrepoblación y de cómo los defensores difícilmente podían visitar a las personas que asistían

Ahora seguramente los discursos irán por la certificación de las prisiones. Es posible que nos pongan de ejemplo, tal como lo hizo el comisionado Renato Sales, a las prisiones de Chihuahua, cuyo modelo, dicho sea de paso, no corresponde con los estándares internacionales para personas privadas de libertad.

Y está pendiente la Ley Nacional de Ejecución Penal, que aunque ha tenido la participación de la sociedad civil, ha sido constantemente retraída de la discusión pública. Si hay al menos un poco de seriedad del gobierno frente a estos lamentables hechos, es el momento de construir un nuevo sistema penitenciario, alejado de los intereses que lo rodean desde hace décadas. Claro, para eso se necesitará la voluntad política de los mismos funcionarios implicados.

La gran tragedia es que en México los sucesos de este tipo generan más discursos que hechos, en tanto que quienes están en prisión no merecen la más mínima empatía por ser los «malos»; su vulnerabilidad más grande es el desprecio generalizado por su humanidad.

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Modificado por última vez en Martes, 16 Febrero 2016 11:40

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