Hacia finales de los ochenta Ecuador fue denominado la «Isla de Paz en el norte sudamericano», cuando tenían lugar en la región los conflictos civiles en Colombia y Perú. Y aunque hoy la paz esté en tela de duda, quienes tenemos el ADN de la indignación debemos buscar el camino para resguardarla: Desde nuestra perspectiva, el feminismo como punto de encuentro de la libertad y la igualdad, en lo individual y lo colectivo, es el camino.

Tras la renuncia de Pedro Pablo Kuczynski como presidente del Perú, la controvertida condena a Lula en Brasil y el agitado año electoral que vive América Latina, parece haberse diluido la polémica del indulto a Alberto Fujimori. Vale la pena por ello preguntarnos si este es sostenible bajo las obligaciones internacionales de los Estados y la doctrina de la cuestión política. Después de todo, no es insólito pensar que Estados como México, Colombia o Venezuela acudan a este tipo de figuras para dar fin a una situación de conflicto en el marco de una salida negociada.

Usualmente se piensa en el racismo como un fenómeno ajeno a la mexicanidad. El sujeto mexicano suele ser pensado y delimitado como el fruto de una mezcla armónica de razas y culturas, por lo que llega a afirmarse que la posibilidad del racismo le está vedada. El mestizaje, como se ha denominado a esta mezcla, es un constructo basado en la idea de homogeneidad racial que surgió a partir de la Colonia. Luego esta misma idea se convertiría en la piedra angular de la idea mexicana de Nación o identidad nacional, de acuerdo con Jorge Gómez Izquierdo y María Eugenia Sánchez Díaz de Rivera en La ideología mestizante, el guadalupanismo y sus repercusiones sociales (UIA Puebla, 2011).

El fin de semana vi el musical Los Miserables, basado en la novela homónima que Víctor Hugo publicó en 1862 sobre el contexto de la insurrección republicana de 1832 en Francia, y cuyos primeros capítulos retratan la criminalización de la pobreza, el fracaso del sistema de justicia e incluso la discriminación generalizada contra las mujeres.