Miércoles, 10 Enero 2018

Los hijos de las personas privadas de libertad en Italia juegan futbol en las prisiones*

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ANDREW KEH

MILÁN, Italia — Un niño de 5 años persigue a su papá en una cancha de fútbol de concreto, su cabello delgado le cae sobre los ojos. A su alrededor se escuchan los gritos y chillidos de otros niños y el estridente sonido del silbato del árbitro que creaban una cacofonía que recordaba a un parque de juegos.

Por un momento, casi se olvidaron de los barrotes de metal en las ventanas de las celdas. Intentaron ignorar a los guardias que vigilan silenciosamente para experimentar, por un momento, la ilusión de la libertad.

El padre se llama Sebastiano Russo, un hombre de 45 años que desde 2015 ha estado privado de su libertad en la prisión Opera, un centro de detención de máxima seguridad ubicado en las afueras de Milán, una circunstancia que su hijo pequeño no comprende del todo. La esposa de Russo, Rosa Bianca Cappelletti, dijo que el niño solía referirse a la prisión como “la casa de papá”. Recientemente, la llama “la jaula de papá” y pregunta por qué no puede ver a su padre con más frecuencia.

Cappelletti se conmovió al verlos patear una pelota, en una tarde reciente, en el frío gimnasio de concreto.

“Se me llenan los ojos de lágrimas”, dijo Cappelletti desde la orilla. “Es hermoso”.

Una vez al año desde 2015, BambiniSenzaSbarre, una organización italiana sin fines de lucro cuyo nombre se traduce como “Niños sin barrotes”, organiza estos partidos de fútbol en docenas de prisiones en toda Italia.

La actividad se llama “El partido con papá” y genera un momento extraordinario de normalidad, de humanidad, dentro de las prisiones del país. También refleja la creencia de BambiniSenzaSbarre de que los hijos de las personas privadas de libertad poseen el derecho humano de mantener la relación con sus padres.

“Quizá como personas privada de libertad ni siquiera sabemos qué es una prisión en realidad”, dijo Maurizio, un hombre de 39 años que ha estado en Opera desde 2014. “El verdadero castigo de la prisión no es para nosotros. Es para la gente que amamos”.

Maurizio pidió que su apellido quedara en el anonimato debido a que su proceso de sentencia, por cargos que incluyen homicidio, aún no había finalizado. El día de la visita temblaba bajo la luz tenue del gimnasio mientras esperaba la llegada de su esposa y dos de sus hijos, de 13 y 7 años (su hijo mayor, de 19 años, estaba trabajando).

Maurizio traía pantalones cortos y medias del Inter de Milán y el espacio a su alrededor estaba tan frío como un refrigerador grande. Como los otros padres del centro de detención fue escogido para estar en el partido gracias a su participación y progreso en otros programas de BambiniSenzaSbarre.

Era la segunda vez que Maurizio participaba en el juego que, en sus palabras, le ofrece “un poco de vida” o al menos algo más cercano a la vida real que solo sentarse en una mesa con su familia durante las horas de visitas formales.

Su rostro se suavizó con una sonrisa cuando llegó su familia. Pasó sus dedos por el pelo del chico mayor y tocó su cara. Pasó su brazo musculoso y tatuado alrededor del cuello de su hijo pequeño y le dio un beso en la frente. Luego miró fijamente a los ojos de su esposa.

Después de que los niños y sus padres se dividieron en dos equipos, caminaron a la mitad de la cancha en dos filas y saludaron al grupo imaginario de fanáticos, como si fueran jugadores profesionales en un estadio repleto de gente. El partido fue desorganizado pero esa informalidad parece ser precisamente el punto. Al finalizar el juego, las familias tuvieron tiempo de sentarse y hablar. Algunos juguetearon con el equipo deportivo del gimnasio.

“Tenían preparadas sus maletas desde hace una semana”, dijo la esposa de Maurizio sobre sus hijos. “Esto sucede en la vida cotidiana fuera de la prisión, pero es algo a lo que no estamos acostumbrados. Para nosotros es muy emotivo”.

Escenas familiares parecidas se desarrollaron este mes en más de cincuenta prisiones en Italia. Lia Sacerdote, la fundadora y presidenta de BambiniSenzaSbarre, dijo que esperaba que hubiera encuentros como ese en las 193 prisiones del país. Sacerdote ha propuesto que todos los miembros de la red europea Hijos de Presos Europa (COPE, por su sigla en inglés) también adopten los partidos.

“Estos niños están marginados”, dijo Sacerdote. “Se sienten culpables por algo que no hicieron”.

Un día después del partido en Milán, las familias de casi dos docenas de personas privadas de libertad entraron al patio de ejercicios de Secondigliano, una prisión de máxima seguridad en los suburbios de Nápoles, para jugar otro partido. La lluvia matutina había dejado charcos de lodo en el campo. Los edificios que hospedan las otras personas privadas de libertad se erguían sobre la cancha y las personas detenidas agitaban sus brazos a través de los barrotes de las celdas mientras miraban lo que sucedía abajo.

Algunas personas privadas de libertad demostraron tener excelentes habilidades para el juego, pero esto también se trataba de un asunto no muy serio. Muchos jugadores se salían del campo de juego durante el partido para besar a sus esposas y bebés. Cuando el partido terminó, las familias hicieron grupos alrededor de la cancha para ponerse al día y para mordisquear sfogliatelle, el postre de pasta de hojaldre con forma de caracola típico de la región. Los guardias vigilaban desde lejos.

En años recientes, el sistema italiano de prisiones ha estado sometido a un proceso de evaluación, reconociendo y atendiendo problemas como la sobrepoblación y el maltrato a las personas privadas de libertad. En medio de este esfuerzo, BambiniSenzaSbarre ha hablado en defensa de los hijos de las personas detenidas y ha desarrollado talleres y espacios educativos dentro de las prisiones para facilitar la conexión entre padres e hijos.

La ausencia de este tipo de relaciones tiene consecuencias negativas de largo alcance, afirman los voceros del grupo. Los hijos de las personas privadas de libertad tienen más probabilidades de terminar en prisión o de dejar la escuela, y son más propensos a sufrir una gran cantidad de problemas sociales. En Italia, por ejemplo, la participación en el crimen organizado generalmente abarca a varias generaciones de una familia.

Una relación positiva y sana con el padre, por lo tanto, “es una herramienta para prevenir el crimen”, dijo Martha Gallon, psiquiatra en BambiniSenzaSbarre. “Tenemos que romper el patrón”.

Cuando trabaja con las personas detenidas, Gallon trata de crear entornos en los que los padres interactúen directamente con sus hijos sin que las madres estén cerca: una rareza durante las visitas en las prisiones masculinas. Para promover la comunicación, ella y sus colegas hacen dinámicas para disminuir la tensión, como algunas actividades artísticas y, más recientemente, el fútbol.

Esa tarde en la cancha de fútbol en Milán, Russo aprovechó cada momento de ese tiempo libre. Levantó a su hijo y le dio vueltas. Dejó que la pelota pasara por en medio de sus piernas para que anotara un gol. Cuando se le mostró una tarjeta roja simulada, salió de la cancha y besó a Cappelletti a través de la valla.

“Los hijos te dan la fuerza para tener esperanza y mirar hacia adelante”, dijo Russo, quien podría permanecer en la cárcel hasta 2026 debido a su participación en una operación internacional de tráfico de drogas. “A través de mis hijos, soy capaz de ver en lo que me quiero convertir, el hombre que quiero ser”.

*Publicado en nytimes.com 

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Modificado por última vez en Miércoles, 10 Enero 2018 12:26

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